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Origenes
de la moda / Italia.
Por German Torrens
Miro… colores, texturas, rayas, capri, jeans, cadenas, en
fin, lo que se usa hoy, pero ¿cómo empezó todo
esto?
Por curiosidad y a la vez necesidad interior de conocer más
sobre este inacabable mundo de la moda y después de escuchar
repetidas veces Londres, París, New York, Milan, como fabricantes
de tendencias en la moda mundial, me senté al frente de la
computadora y con ayuda de la tecnología comencé a
viajar, así pude despejar algunas de mis nebulosas dudas
de cómo estos bellos lugares se fueron convirtiendo con el
pasar del tiempo en referentes alrededor del planeta.
Lo que viene abajo es una compilación sobre moda italiana
que me resultó reducida, pero a la vez completa.
Comienza hacia el 25 de febrero de 1951, con el desfile organizado
en Florencia por el conde Giorgini, destinado a un público
de nivel internacional, comenzaba la historia de la moda italiana.
André Suarès escribía: “La moda es la
mejor de las farsas; aquella en la cual nadie ríe, porque
todos participan”. El vestir siempre ha sido concebido como
expresión de afirmación social, de identidad personal,
como importante medio de comunicación de los individuos y
los pueblos. También es el lenguaje del deseo: un juego de
guiños y emulaciones que representa la evolución de
las costumbres, el pudor y el imaginario en el curso del tiempo.
En efecto, la motivación erótica es uno de los grandes
estímulos en la elección de las prendas. Giorgini
hizo renacer el mito de la nobleza, que abre sus palacios a los
desfiles, ofreciendo un espacio mítico, áulico, rico
en historia, para la presentación de las colecciones.
Frecuentemente son las mismas mujeres de la nobleza quienes visten
las prendas; las razones son obvias: son ellas -princesas y blasonadas,
señoras o señoritas- quienes, gracias a la educación,
la tradición y la cultura, saben cómo lucir esas prendas
que presentan en los ambientes áulicos de sus mansiones o
de los museos, junto a las famosas esculturas que son la imagen
misma de la belleza. También el cine ha recibido la influencia
de la moda. Es ejemplar el caso del matrimonio de Linda Christian
y Tyron Power, en 1949: el vestido de la novia fue elegido en Roma.
Esto contribuyó a crear el mito -estereotipado, si se quiere,
pero funcional- del País de la belleza, del arte y del amor.
El vestido asume una función de talismán: como en
los antiguos cuentos, es el elemento mágico que permite la
transformación.
En los años ’60 todo cambia: cambian los roles y los
estatus sociales; son los años de la rebeldía y de
un nuevo impulso industrial. Es comprensible que el vestir -mágico
instrumento a través del cual toda mujer comparte e interpreta
los mitos de su tiempo- deba transformarse en idea y proyecto. Nacen
los modelos de confección en serie, destinados a vestir -con
elegancia y a precios accesibles- a las mujeres de medio mundo.
Se llega así a la afirmación internacional del Made
in Italy, con el triunfo del prêt-à-porter de los años
Setenta y Ochenta -cuando el polo de atracción de la moda
se encuentra en Milán-, hasta llegar a las nuevas tendencias
de estos últimos años, relacionadas con las vanguardias
artísticas y los movimientos culturales del Novecientos.
De la Alta Moda al prêt-à-porter, de la minifalda a
los blue-jeans: la moda evoluciona en una alternancia de estilos,
renovándose continuamente.
Para los italianos la moda es un instrumento de redención
social y, por lo tanto, de ascenso de clase a través del
vestir. En otros lugares esto es impensable: más allá
de las fronteras italianas, la moda es sólo un instrumento
de afirmación del propio estatus.
El texto concluye afirmando que la moda en Italia se narra como
un cuento y que su función es profundamente distinta a la
que cumple en París, Londres o Nueva York, algo que quiero
seguir investigando para que después saquemos nuestras conclusiones.
Hasta la próxima.
Germán Torrens
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