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Hip Hop
Identidades artísticas del siglo XXI
Por Mariano Casas Di Nardo
planetacosmico@hotmail.com
Surgido del under neoyorkino de mediados de los setenta, el hip
hop avanza sobre los chicos y adolescentes de todo el mundo. Un
lenguaje que se desarrolló sobre los ejes de la pintura,
la música y el baile. Adueñándose del vestuario,
del léxico y de las costumbres. Con inalterables símbolos
como el grafitti y el rap, y una amplitud libre: no discrimina según
niveles socioeconómicos. En esta nota una radiografía
del hiphopero.
Quien crea que el hip hop es aquella persona invadida de colores,
vestida con ropa cinco talles mas grande, escuchando música
cantada a mil palabras por segundo y calzando zapatillas astronáuticas,
sólo tendrá una mirada vizca y ridiculizada de la
realidad. Un grotesco a lo que se llega cuando no se tiene la menor
idea de lo que se está haciendo y se imita. Nadie profesa
el hip hop por ponerse unas convers o por bailar tres pasos de breakdance.
El hip hop es un movimiento cultural que nació a mediados
de la década del setenta, en las calles laterales de Nueva
York. Una tendencia que reflejó las aspiraciones y frustraciones
de gente desplazada socialmente. Eran los años bajo el poder
de Reagan y una marea de jamaiquinos, puertorriqueños y afro
americanos convergieron en una misma zona, al serle desfavorable
la política empleada. Tal situación se padeció
en gran parte del país y fue en esas circunstancias que se
institucionalizó el hip hop como el alter ego de aquellas
pandillas.
Sobre los cimientos de la música –el rap–, la
plástica –el grafitti– y el baile –el breakdance–,
el hip hop fue perfeccionándose y creando un estilo de vida.
Un estilo de vida callejera, que se nutrió de sonidos cantados,
mientras se escribía esa marginación en las paredes
de los baldíos de la ciudad de las luces.
La popularidad y masificación llegó cuando las grandes
arcas empresariales vieron en esa habilidad un potencial mercado.
Por su parte, y entre otras tantas industrias, la discográfica
se lanzó a difundir este fenómeno. Y el ritmo hip
hop comenzó a ser cantado por todo Estados Unidos y Europa.
Vía que ayudó a que esa ideología se propagara
por todas las latitudes, aún sin vivir una situación
social parecida.
En nuestro país el hip hop llegó en sus tres dimensiones:
breakdance, grafitti y rap. Vertientes de una misma filosofía
que despuntó en un mismo modo de vestir, hablar y tratar.
Conceptos norteamericanos como Jam –fiesta de hip hop–,
Samplear –manejo del sampler–, Tag –firma realizada
con aerosol– y Bomber –quien destruye murales–
se colaron en el diccionario argentino de chicos que vestidos como
los marginales de los Estados Unidos, se vieron comprando ropa extra
large en las tiendas de deportes o en la mismísima Bond Street.
Como si algún jamaiquino en sus épocas de oscuridad
hubiera comprado sus zapatillas o remeras de básquet en la
lujosa Quinta Avenida.
Pioneros de este singular look fue el dúo Illia Kuryaki and
the Valderramas, cuando sorprendieron allá por el año
95 con canciones raperas de letras sexuales y coreografías
orientales. Su vestuario e ideología fue entendido mucho
tiempo después y aunque la efervescencia de cada uno los
separó, la idea ya estaba instalada y grupos como Geo Ramma,
Tumbas, Bola 8 y Actitud María Marta, se encargaron de hacerlo
más terrenal y no tan de culto.
Pasados más de diez años de tal aparición,
el hip hop se propagó como virus, impactando en diversas
humanidades. Y como bien dice el sociólogo Sebastián
Codeseira en su investigación Hiphopización del mundo:
de Manhattan a Tevez, “esta cultura es transversal, porque
es adoptada por todas las clases.” Mirada que puede ser comprobada
en los look urbanos.
Hoy por hoy existe una maduración dentro de esta estética
y son pocos los que en realidad manejan su esencia y principios.
El verdadero hiphopero se vanagloria de serlo y lo pone en práctica
sólo cuando se reúnen con sus pares a bailar breakdance
–ese que termina con uno bailando y dando giros sobre su propia
cabeza como eje–, al tiempo que otros hacen murales con aerosol
y pasan música. Tal imagen es la máxima expresión
del hip hop. Y dentro de este marco, determinados líderes
manejan los hilos, como lo puede llegar a hacer un MC –el
que canta–, el DJ o el Bboy –el que baila–. Según
ellos, el MC puede ser alguien que se destaque por ser un poeta
o improvisar historias en vivo. La idea no es frecuentar cualquier
lugar, hay boliches exclusivos para ellos como Style y Gee-Baires.
Como íconos internacionales del hip-hop, la rapera Missy
Elliot lleva la bandera. Otros que también son elegidos como
estandartes son Eminen y el deportivo Allen Iverson, mucho tatuaje
y fama de chico malo. A nivel nacional, el campo queda reducido
sólo al Sindicato argentino del hip hop, Mustafa Yoda y Sudamétrica,
más las esporádicas presentaciones de Emme o Emanuel
Horvilleur. Lo demás caricatura pura.
No viene impresa en ninguna remera de béisbol o de la NBA,
no se ejerce al cantar ningún rap… El hip hop es una
metodología, una conjunción de factores.
Ilustración: Melina Dassano
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